El vicepresidente de El Salvador Félix Ulloa emprendió una gira por Europa para propagar mentiras. Se instaló en Madrid durante varios días, con una intensa agenda de conferencias, entrevistas con medios españoles y reuniones con políticos de la derecha cada vez más a la derecha de ese país, para presentarles la ficción de El Salvador como el campeón de la democracia, los derechos humanos y el respeto a las instituciones.
Al ser cuestionado por las muertes en prisión y las documentadas torturas sistemáticas y muertes de prisioneros, el vicepresidente dijo en más de una entrevista que esa información era falsa. Que los muertos lo son por enfermedades. Que en El Salvador las cárceles no son hoteles de cinco estrellas, pero se respetan los derechos humanos de todos. Que las denuncias provienen de organizaciones que ni siquiera han visitado las prisiones.
Esto último es cierto. Desde mucho antes de la entrada en vigor del Régimen de Excepción, el Gobierno ha prohibido el ingreso a prisiones. De los 22 centros penales en el país, el Gobierno organiza excursiones guiadas de incautos reporteros, “influencers” y visitantes extranjeros al Centro de Confinamiento del Terrorismo, CECOT, para mostrar lo que la propaganda oficial quiere que se vea. En estos últimos cuatro años ni siquiera abogados ni familiares de los reos han podido ingresar a las cárceles. No ha habido una sola auditoría independiente a la situación de los reos. Lo que sí hay son huellas de evidente tortura en varios de los cuerpos. Lo que sí hay son testimonios de sobrevivientes. Lo que sí hay es coincidencia en todas esas denuncias sobre el modo de operar de los custodios. Tanto que el jefe del grupo de torturadores está identificado: William Magaña Rodríguez, alias Montaña.
Nada de esto dice Ulloa, porque su tarea en España es otra: la de presentar a todas las voces críticas, particularmente a la prensa española, como ejecutores de una agenda contra su gobierno; acusarles de creer a la prensa “opositora” salvadoreña y a las organizaciones de derechos humanos sin cuestionar la información presentada. Su misión, pues, es la de exportar a España su estrategia de deslegitimar toda crítica, vista como un obstáculo a la imposición de su propaganda como única narrativa de la realidad salvadoreña.
En todos sus intercambios con la prensa española, Ulloa fue un beligerante que pasó de regañarlos por criticar al régimen de Bukele, en el mejor de los casos, a acusarlos de ser parte de una conspiración internacional en la que, por descabellado que parezca, dijo que participan Le Monde, CNN, El País, The New York Times y los medios salvadoreños que la dictadura no controla, entre ellos El Faro, a los que llamó “opositores”.
El problema es que Ulloa no presenta una sola prueba de lo que afirma con tanta contundencia, en cambio el periodismo y las organizaciones de derechos humanos han documentado y presentado públicamente las pruebas de todas las denuncias.
Otro ejemplo: preguntado por la Radio Nacional de España por el pacto de Bukele con las pandillas, Ulloa respondió: “Yo estoy en el gobierno desde 2019. Te puedo asegurar que desde 2019 hasta la fecha no ha habido ningún pacto con ningún marero”.
Los pactos de Bukele con las pandillas han sido ampliamente documentados por este periódico. Pero no solo por nosotros. El director de Centros Penales, Osiris Luna, que aspiraba a llegar a un acuerdo con Estados Unidos, entregó en la Embajada en San Salvador un paquete con prueba documental del acuerdo. El Departamento de Justicia ha presentado documentación a la Corte Federal de Nueva York, donde cabecillas de pandillas esperan juicio, sobre este pacto. La fiscalía estadounidense asegura que el Gobierno de Bukele entregó dinero, armas y facilidades carcelarias a los pandilleros a cambio de bajar las tasas de homicidios y de garantizar votos a su favor en las elecciones. El director de Tejido Social del Gobierno, Carlos Marroquín, confesó en un audio haber liberado personalmente a Élmer Canales Rivera, alias Crook, uno de los cabecillas de la Mara Salvatrucha-13, y conducido a la frontera con Guatemala. Si más pruebas faltan, baste el hecho de que Crook, a quien Estados Unidos había solicitado en extradición y que pagaba en una cárcel salvadoreña una condena de más de 40 años, fue capturado en libertad en México y enviado a Estados Unidos, donde también espera juicio.
Asegurar, pues, que el Gobierno de Bukele no ha hecho ningún pacto con las pandillas, es mentir con amplio descaro. Probablemente por eso se negó a seguir siendo cuestionado en la Radio Nacional de España. Pocos minutos después de iniciado el programa, Ulloa acusó al entrevistador de calumniarlo por preguntarle sobre el pacto con las pandillas. Se quitó los audífonos, se levantó y se fue.
Esta súbita prepotencia de quien antes se presentara como el rostro amable del régimen no es accidental. Es parte de un guion planificado por los propagandistas de Casa Presidencial. El desprecio al periodismo no conoce fronteras. Debe ser expresado con gran frecuencia. Quizás eso explica por qué, a pesar de su reiterada animadversión a la prensa española, Ulloa concedió entrevistas a cuanto medio se lo pidió, para aleccionarlos a todos y ejercitar su cinismo.
Sorprendió a la periodista del medio El Español con una respuesta absurda. Ella le preguntó por el retroceso en materia democrática, y citó el reporte 2025 del Freedom House, uno de los más prestigiosos estudios en esta materia, según el cual El Salvador ha sufrido el segundo mayor retroceso en materia democrática en el mundo y cita además una extendida corrupción. El informe, respondió Ulloa, es de 2025, pero no dice qué periodo analiza. “Eso debe de ser del país que nosotros recibimos porque en este Gobierno la corrupción es el flagelo más combatido”. Freedom House emite su informe anualmente. Es decir, el citado, publicado en 2025, corresponde a información de 2024. Pero si solo se tratara de un reporte…
Desde sus inicios, el equipo de Bukele puso candado a toda información pública. Expulsó a la Comisión Internacional Contra Ia Impunidad en El Salvador (CICIES) cuando esta encontró corrupción en una docena de casos de compras y contrataciones durante la pandemia; destituyó al fiscal e impuso a no de los suyos, cuya primera acción fue desmantelar la unidad que investigaba casos de corrupción. Sus diputados aprobaron una ley que prohíbe investigar corrupción durante la pandemia y ya no existe ningún mecanismo efectivo de contraloría del manejo de fondos públicos. Decir que el bukelato ha combatido la corrupción es per se un acto de corrupción por complicidad, porque miente con la intención de proteger a corruptos. Es decir, es cómplice.
Son apenas ejemplos de las declaraciones del vicepresidente en su paso por España. Expresiones de esta naturaleza, cínicas y mentirosas, son múltiples y están presentes en todos sus intercambios. La lista es demasiado larga como para desmontar uno por uno todas sus expresiones. Pero entre sus falsedades están, por ejemplo:
Afirmar que el régimen de excepción solo limita dos garantías constitucionales (afecta tres, que a su vez afectan a todas las demás garantías, porque permiten la detención sin acusación y por tanto ninguna otra garantía puede ser ejercida).
Argumentar que el régimen solo afecta a pandilleros o sospechosos de pertenecer a pandillas (Ruth López, la defensora de derechos humanos, fue detenida con los procedimientos del régimen de excepción acusada de delitos sin vinculación con las pandillas, por ejemplo). El Salvador es hoy el país del mundo con la mayor tasa de población encarcelada. Según organizaciones de derechos humanos, apenas la tercera parte de esas detenciones tienen alguna relación con pandillas.
Decir que en El Salvador se vive hoy una democracia robusta porque el pueblo es el que manda. Esta alusión al pueblo, fundamental en el manual del populismo autoritario, omite el hecho de que Bukele dio un golpe a la Corte Constitucional y a la Fiscalía; que ya no hay límites institucionales a su ejercicio del poder y que controla todos los poderes del Estado.
La gira del cinismo continuó en Alemania. Allí repitió la estrategia. La primera entrevista que dio fue al canal internacional en español de la televisión pública alemana, la Deutsche Welle. Su entrevistador recibió la misma prepotencia y beligerancia que sus colegas españoles, y las mismas ficciones.
Ulloa ha aprendido las artes para mantenerse útil a la dictadura. En seis años, uno más de lo que dura un período presidencial constitucional, ha pasado de ser acompañante intrascendente a embajador itinerante de la dictadura. Si una dictadura se sostiene sobre mentiras, el vicepresidente ha resultado un voluntarista mensajero. El instrumental demagogo que se inventa artículos escondidos en la Constitución y hace malabares para defender actos ilegítimos (“No es reelección; es segundo mandato”…).
Su oportunismo y su cinismo no son nuevos. Pasó dos décadas llamándose defensor de la democracia para terminar aquí. En su vida anterior a la dictadura, ofrecía servicios de opinador. Se presentaba a foros televisivos a defender los argumentos de quien le pagaba con la misma vehemencia con que lo hace hoy para la familia Bukele. Hace tiempo decidió quemar sus naves y aferrarse al proyecto dictatorial. Asumió el papel de senescal y comprometió su futuro.
Sus giras del cinismo continuarán porque ese es el papel que le han encomendado. La estrategia de la dictadura es tan clara como vieja: mentir hasta que la mentira se instale como verdad. Descabezar a los críticos. Justificarse en el pueblo. Ya conocemos esta historia y ya sabemos cómo termina. Ojalá esto no se le haya olvidado también al vicepresidente Ulloa.

