La indecencia del silencio

<p>Demasiada gente que se cree íntegra celebra ahora acciones que ocultan las realidades de injusticia, corrupción y violencia que siguen oprimiendo a la población.</p>

Cuando Martin Luther King Jr. se encontraba en una cárcel de Birmingham, en el estado de Alabama, escribió una carta que habría de convertirse en un documento fundamental para el movimiento de los derechos civiles en los Estados Unidos. Entre otras cosas, en esa carta, King denunciaba el silencio de la población blanca “moderada”, la cual veía con simpatía la lucha por la igualdad de la población afroamericana pero que se mantenía en silencio frente a la opresión en la que vivían los afroamericanos y frente a la violencia racista imperante. En esa carta, entre otras cosas, King escribió lo siguiente: “En esta generación, tendremos que arrepentirnos no solo por las palabras y acciones de odio de las malas personas, sino por el terrible silencio de las buenas personas.”

Esa frase y todo el espíritu de la “Carta desde una cárcel de Birmingham” me tienen pensando mucho ahora que se acerca el primer aniversario del encarcelamiento ilegal de nuestra Ruth Eleonora López. 

Como Martin Luther King al momento de escribir la carta, Ruth se encuentra encarcelada por denunciar las injusticias perpetradas por las autoridades. Como King, Ruth se encuentra encarcelada también porque poderosos que viven de la injusticia han intentado callar su voz. Y como King y los afroamericanos estadounidenses en su momento, Ruth López y miles de salvadoreños y salvadoreñas inocentes sufren no solo como producto de las acciones de personas malas en nuestros gobiernos y sociedades. Ruth López y demasiadas víctimas inocentes del Estado de Excepción sufren a causa del silencio, de la apatía y de la conveniencia de mucha gente buena y distinguida. 

Ruth sigue presa, incomunicada de los suyos y prácticamente desaparecida porque demasiadas personas dentro y fuera de las fronteras salvadoreñas han decidido guardar silencio. Mucha gente ejemplar, que simpatiza con Ruth, con la lucha contra la corrupción y la defensa de los derechos humanos que ella representa, han decidido guardar silencio para mantener su propio sentido de seguridad. Muchos funcionarios ilustres en organizaciones internacionales, en delegaciones diplomáticas y en medios de comunicación, entre otros, han optado por quedarse callados. 

Muchos hombres y mujeres virtuosas que podrían hacer una diferencia han preferido el silencio con tal de celebrar una falsa ilusión de orden y seguridad.  Peor aún, muchos han resuelto mirar hacia otro lado y repetir cantos de propaganda con tal de complacer a los responsables de las injusticias.  Demasiada gente que se cree íntegra celebra ahora acciones que ocultan las realidades de injusticia, corrupción y violencia que siguen oprimiendo a la población. 

Esa es una indecencia. Es la misma indecencia que denunció Ruth cuando fue capturada. Es la indecencia de la prudencia, que trafica las injusticias a través del silencio. De la conveniencia, que celebra la seguridad a costa de la libertad. Y de la desidia, que busca absolver las culpas a través de la indiferencia.  Es la indecencia del silencio, que mantiene reprimidas las voces de verdad para perpetuar la podredumbre de quienes gobiernan. 

Ruth sigue presa porque su voz hablaba verdad y demandaba justicia. La claridad moral de la voz de Ruth exige de que tengamos la decencia de no guardar silencio frente a los atropellos y la impunidad. Ruth López merece la decencia de que nuestras voces sigan hablando con la verdad hoy más fuerte que nunca.

*José Miguel Cruz es miembro de la junta directiva de Cristosal