La isla oscura

<p>Cuba está sumergida en la oscuridad. La isla atraviesa una crisis eléctrica extrema durante 2026. Además de los cortes programados por el gobierno, se sumaron tres colapsos eléctricos completos en apenas nueve días. Un país entero, casi 10 millones de habitantes en la oscuridad. Desde inicios de 2026, cuando Donald Trump impuso una serie de medidas draconianas, que sancionan con dureza a cualquier empresa o Estado que venda combustible a Cuba, la crisis se ha profundizado hasta tocar fondo . Los apagones tienen un efecto que abarca todos los aspectos de la vida diaria: el acceso al agua, la refrigeración de alimentos, las comunicaciones, el transporte y la sanidad. También alimentan un creciente malestar social: los cortes de electricidad fueron la chispa que hizo estallar las protestas sin precedentes de 2021 y han provocado nuevas muestras de descontento en La Habana durante 2026.</p>

Pau Coll

El Sistema Eléctrico Nacional cubano colapsó completamente en todo el país los días 6, 10 y 14 de julio de 2026. Millones de personas quedaron sin suministro energético en uno de los julios más cálidos que la isla recuerda.

La crisis estructural se agravó en 2026 por las medidas de Washington contra los países que suministran petróleo a Cuba. El Gobierno cubano responsabiliza a este bloqueo energético de la falta de combustible y repuestos para las plantas generadoras. Las sanciones son un factor decisivo, pero no explican por sí solas el deterioro de la infraestructura y la mala gestión económica interna del régimen cubano.

En el solar de la calle Luz 259, en el centro de la Habana Vieja, un vecino ilumina con una pequeña vela su apartamento. Es la única fuente de luz de su hogar, en el que vive con su madre de 87 años. La crisis energética está contribuyendo al aumento de la pobreza y, sobre todo, del hambre en Cuba. Según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) el 89 % de la población vivía en situación de extrema pobreza en 2024.

La Plaza Vieja de La Habana era uno de los lugares más turísticos de la isla. Aún quedan bandas de música esperando en alguna esquina por si llega alguien, y los restaurantes que no han cerrado tienen la carta en oferta, todo con el 50% de descuento. Antes de la Covid, entre enero y abril del 2019, Cuba recibió 1.9 millones de visitantes. En el mismo periodo de 2026 han volado a la isla apenas 328.000 extranjeros.

Montañas de basura se acumulan por las calles de La Habana al no haber suficiente combustible para los camiones recolectores. Más del 80 % de la electricidad de Cuba se genera a partir de productos petrolíferos. Esta dependencia hace que cualquier caída de las importaciones afecte directamente a todos los aspectos de la vida cotidiana.

La electricidad puede volver durante unos minutos o unas horas, incluso de madrugada. Cuando ocurre, las familias interrumpen cualquier actividad para cocinar, lavar, cargar teléfonos o refrigerar alimentos. Las velas, linternas y lámparas recargables permiten iluminar las viviendas, pero no sustituyen los servicios esenciales como un refrigerador o una bomba de agua.

Por las calles de La Habana Vieja se ven ya más vehículos eléctricos que de gasolina, aunque estos también tienen problemas para cargarse por los continuos cortes de luz. Durante años, la provincia de La Habana sufrió menos cortes que otras regiones, pero esa diferencia se ha reducido. En mayo de 2026 se documentaron apagones de hasta 22 horas en algunos sectores de la capital.

En el Paseo del Prado de La Habana, un pequeño restaurante intenta mantenerse abierto con un ruidoso generador. Pero los apagones detienen los sistemas que bombean agua hasta depósitos de viviendas y comercios. También impiden cocinar y conservar alimentos en una población que ya padece escasez de productos básicos. Por esta razón, hospitales, estaciones de bombeo y centros de producción alimentaria son prioritarios en medio del racionamiento eléctrico .

Los apagones fueron uno de los detonantes de las protestas nacionales de julio de 2021, cuando cientos de miles de cubanos salieron a la calle para protestar contra el Gobierno. En mayo y julio de 2026 volvieron a registrarse manifestaciones y cacerolazos en La Habana. Sin una recuperación estable de las importaciones de combustible ni una gestión eficaz por parte de la administración cubana, no se espera una solución a una crisis que mantiene al pueblo cubano al límite de su resistencia.