EF Foto/Migración

Esa enorme necesidad de fotógrafo

 
Víctor Peña

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Crucé el charco por primera vez hace nueve meses. Por primera vez sin horizonte, sin el viento a mi favor. Lo había cruzado otras veces: por trabajo, por una beca, por puro placer. Siempre con la certeza de fecha y hora para volver y retomar mi vida, mis ocupaciones.

En el último año, al menos 53 periodistas huyeron de El Salvador, amenazados y perseguidos por el gobierno de Nayib Bukele. Ahora soy un fotógrafo exiliado, un migrante más entre los muchos migrantes de mi país. Entre los muchos colegas que también se volvieron migrantes.

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Una mañana cualquiera de invierno, vi un par de sillas sobre una cabaña. Recordé el último disco de Bad Bunny. Recordé aquella tarde de sábado cuando mi madre le regaló unas iguales a mi abuela. Eran cuatro, en el patio frontal de la casa, en medio de unas plantas frondosas.

Había migrado desde pequeño: lo hice a mis cuatro años, cuando mis padres se cambiaron de pueblo. Eran los últimos años de la guerra civil de El Salvador, aunque no tenía relación con ese conflicto, que impactó menos en nuestra localidad.

A los 16, volví a ese mismo pueblo del que creía haberme ido por siempre. El terremoto del 13 de enero de 2001 destruyó nuestra casa y nos llevó de regreso. Pasaron tres años. Después, viajé a la capital, San Salvador, para estudiar.

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Ahora es distinto. “Si vuelvo a mi casa, ese lugar que me expulsó ya no existe más”, me dijo un amigo, colega y vecino, “porque la niña que fastidiaba mi puerta todas las mañanas tampoco vive allí”. Se refiere a mi hija.

Aquella mañana de invierno, bajé de mi bicicleta, descendí por una pequeña colina y crucé un campo de cultivos congelados. El viento me golpeaba la cara. Pero sentía la enorme necesidad de fotografiar, esa enorme necesidad de fotógrafo.

“Esa podría ser una escena de mi país, pero no lo es”, me dijo otro colega, viendo la foto, que también se exilió en mayo de 2025. Tiene razón; no es nuestro país. Ni podría serlo, porque ya no hay paisaje cálido ni la sonrisa de mi abuela.

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